
Cómo dejé de quemar dinero buscando el éxito rápido
Esto es lo que quiero contarte hoy. Es un tema del que no a todos los emprendedores les gusta hablar, y menos si su trabajo es vender servicios.
Antes de comenzar, quiero plantear el problema para poder dar el contexto general. Así que bien, comencemos desde el principio.
El primer problema: ser emprendedor novato sin referencias
Uno de los primeros problemas con los que muchos emprendedores se topan desde el principio es no saber a dónde ir ni cómo hacerlo. Eso nos lleva al génesis de casi todos los que nos dedicamos a ofrecer algo a alguien más y vivir de ello.
Esto nos lleva al consumo de mucha información sin filtro, a creer en todo gurú de Internet que puede estarte vendiendo humo o no. ¿Pero cómo saberlo si apenas se comienza? Es una pregunta sin una respuesta clara, pero por mi parte te digo que no lo sabemos. Yo fui uno de esos que quemó mucho tiempo intentando probarlo todo, hasta que comprendí que está bien aprender de los demás, pero es necesario adaptarlo a nuestra propia personalidad.
Con el tiempo entendí algo que me hubiera ahorrado bastantes dolores de cabeza, y es que no existe un mapa único. Cada quien construye el suyo a base de ensayo, error y, sobre todo, de conocerse a sí mismo. Lo que a otro le funcionó no tiene por qué funcionarte a ti, y eso no es un fracaso tuyo, es simplemente que las circunstancias, el carácter y el punto de partida son distintos.
El tiempo es más importante de lo que parece muchas veces
Cuando comencé en este mundo “digital”, como lo llamaré, era tan solo un adolescente amante de la tecnología y queriendo saberlo todo de todo. Eso me ayudó a meterme en situaciones donde no todos se quieren meter. No fui el típico adolescente que le encantaba estar horas y horas compartiendo memes en Facebook; sí quería hacerlo, pero me aburría. Por lo que mi atención se desvió hacia conocer más cómo funcionaba la red social por dentro; si alguien lo había hecho, yo quería saber cómo.
Sin embargo, aunque no consumía mi tiempo en redes sociales tradicionales, sí lo hacía leyendo mucha información de otros que decían cómo hacerlo o cómo tener “éxito” haciéndolo. Como los que te venden hacerte millonario con solo un teléfono móvil, o los que te dicen que llenando encuestas podrías vivir de ello (esto es muy antiguo, era precursor del tema de hacerse rico y vivir la vida soñada gracias a las redes sociales), y muchas cosas más que perseguí pensando que había caminos rápidos sin ningún tipo de sacrificio o valor real detrás.
El caso es que lo que una vez pensé que era perder el tiempo, en algunos casos lo estaba perdiendo de otras formas. Sí, aprendía, pero la mitad de mi tiempo se me iba pensando en vivir la vida de ese otro emprendedor que decía que con su método garantizaba mi éxito. Y la verdad es que la letra pequeña, muchas veces, era que esos “métodos” ni siquiera les funcionaban a ellos mismos. Mucha teoría, poca práctica.
Y creo que ahí está la respuesta. Si queremos conseguir información de valor, es mejor mirar a los emprendedores que se dedican a lo suyo, no a los que se la pasan vendiendo métodos y parece ser esa su principal fuente de ingresos.
¿Cómo encontré mi camino?
La verdad, para responder a esto, la forma en que me di cuenta fue escuchando a mis propios instintos y pensamientos. Pero antes de llegar a esa claridad, hubo una señal muy concreta que me hizo frenar.
Cuando estás metido en ese círculo de buscar, buscar y buscar, muchas veces crees que gastar, gastar y gastar es la solución para “acelerar el proceso”. Yo caí en eso. Lo que en realidad estaba haciendo era quemar capital sin ningún fundamento claro, y eso me llevó a estudiar mejor la contabilidad y a expandir mi educación financiera. Un negocio sin saber leer los números es el primer camino perdido, y ese era exactamente el mío. Tenía ingresos, sí, pero mucho de ese dinero se me iba en aplicaciones nuevas que me hacían sentir que las necesitaba para trabajar mejor, cuando en realidad no era así. Muchas veces ni las usaba del todo, o usaba una sola función y pagaba por docenas.
Eso me llevó a trabajar de forma más minimalista. Si necesitaba hacer algo, ya no salía corriendo a buscar una herramienta externa; primero exprimía los recursos que ya tenía a la mano. También comprendí, gracias a algo que me dijo un cliente, que los verdaderos ricos ahorran o buscan la forma de ahorrar la mayor parte del tiempo, y que el dinero que usan para invertir no lo lanzan al azar esperando a ver qué pasa. Ellos saben leer los mercados antes de mover una moneda. Si yo quería mejorar, tenía que aprender a ahorrar y a gastar solo en lo necesario para trabajar, y dejar atrás esa obsesión por tener la herramienta más moderna, el teléfono más nuevo, lo último de lo último.
Cambiar esos hábitos me hizo darme cuenta de algo importante, y es que si todo mi capital se va mes a mes, estoy en riesgo constante. Tenía el ingreso contado y debía estar siempre con el acelerador a fondo, mes tras mes, precisamente por ser emprendedor y no contar con el ingreso fijo de un empleo tradicional. Fue ese cambio de mentalidad, más que cualquier gurú o método, lo que me obligó a sentarme y pensar de verdad en qué soy bueno, qué es lo que hago y cómo puedo impulsarlo sin quemar recursos en el camino. Y esa fue la forma correcta de identificar a qué nicho o mercado pertenezco.
Hoy día soy consultor en procesos digitales. Me encanta ayudar a las personas a comprender la tecnología o a adaptarla a su vida o negocio. Como soy una persona que consume mucha información sobre tecnología, cambios y demás, me convierto en el aliado de mis clientes para ayudarles a acelerar sus procesos con apps, herramientas y flujos digitales que a ellos les tomaría meses siquiera descubrir que existen, o que hay una tecnología adecuada para su negocio o su forma de trabajar.
Lo que me llevo de todo este proceso
Si algo aprendí de esos años dando vueltas sin rumbo claro, es que el objetivo no aparece de un día para otro leyendo a otros. Aparece cuando dejas de buscar la fórmula de alguien más y empiezas a prestarle atención a lo que ya haces de forma natural, casi sin esfuerzo. En mi caso fue la tecnología, la curiosidad por entender cómo funcionan las cosas por dentro. Puede que en tu caso sea otra cosa completamente distinta, y está bien.
Si estás empezando y sientes que llevas tiempo dando vueltas sin encontrar tu propio camino, te diría que dejes de buscar el atajo de alguien más y empieces a observar en qué inviertes tu atención cuando nadie te lo pide. Ahí suele estar la pista.
